Una de las virtudes del Bushido, que todo practicante de artes marciales debería poseer, es Chugo o lealtad. En esta ocasión quiero rescatar del libro "Las Enseñanzas de un Guerrero" el pasaje relativo a este aspecto. Un aspecto tan fundamental, que no se puede entender que un bushi, que literalmente significa "el que sirve", carezca de la lealtad que se espera de él.
"Kakubei era tan leal al señor Tadatoshi como los demás servidores y,
al contrario que otros, no se esforzaba por superar a los demás en la
demostración de su lealtad. Desde el punto de vista de la administración
rutinaria, los hombres que como él eran en conjunto mucho más
satisfactorios que los agitadores que trataban de realizar hazañas
espectaculares."
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| Hosokawa |
Uno de los samuráis más cercanos a Tadatoshi
era el leal Kakubei, cuya agudeza, penetrante y molesta al mismo
tiempo, le convierten en el brazo derecho de Tadatoshi. Pese a la
aparente humildad, su perseverancia y lealtad están fuera de discusión,
sin que le haga falta alardear de ellas. Aún más, la solidez de Kakubei se demuestra esplendidamente en la administración rutinaria, en la que se revela como el hombre en punta de su señor.
Las personas como Kakubei son unos colaboradores ideales, más allá de las épocas. En la elección de los subordinados, es fácil hacerse embaucar por las apariencias y la verborrea, al igual que en otras muchas facetas de la vida, por ejemplo, en los negocios. La esencia es la parte de juicio más importante, por la cual el empresario competente debería fijarse más bien en las cualidades profundas de sus colaboradores que en lo visible, a menudo falto de consistencia. Los subordinados halagadores, a largo plazo se manifiestan como unos sicofantes que intentan trepar sin los más mínimos escrúpulos. Utilizan la debilidad humana de sus superiores por los elogios, como un trampolín para alcanzar metas inmerecidas, así como no se olvidan de tratar de rebajar a los compañeros o a sus subordinados. Cuando su conveniencia lo exige, se prodigan en pelotillas, esforzándose para impresionar mediante acciones - a veces modestas - que son infladas desproporcionadamente para elevarlas al rango de hazañas. Pero, a la primera de cambio, no se lo piensan dos veces en traicionar, delatar y desacreditar a los demás, incluso a quienes les apoyaron. Estos colaboradores son muy peligrosos porque su lealtad y diligencia no son más que el reflejo de su incontrolable ambición personal debidamente maquillada.

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