En unos tiempos locos en donde el consumismo nos devora de tal manera que cualquier bien u objeto se compra, se usa y tira, y si se rompe, rápidamente compramos otro nuevo, oriente vuelve a enseñar a occidente.
El kintsugi o arte japonés de la reparación de la cerámica, es una antigua técnica japonesa que repara piezas cerámica rotas o dañadas usando para ello un método basado en el uso de resinas de laca y oro en polvo. aunque existen también otras variantes como el Gintsugi, en el que se usa plata y el Urushitsugi, que emplea únicamente laca urushi.
A finales del siglo XV el shōgun, Ashikaga Yoshimasa rompió por accidente uno de sus tazones de té favoritos y lo envió a China con la esperanza de que los maestros artesanos que lo habían fabricado le devolviesen la vida y su esplendor original. Después de un gran tiempo de espera, el tazón del shōgun volvió reparado con unas feas grapas de metal que le hacían tosco e inservible para el Cha-no-yu o ceremonia del té. El resultado decepcionó al generalísimo, que buscó otra solución pero esta vez de manos de artesanos japoneses que desarrollaron una forma de reparación de cerámica nueva e innovadora, el kintsugi.
Todos los objetos poseen y acumulan una historia, su propia historia, que se genera desde el momento de su creación. Como bien conocen los anticuarios y cualquier otro profesional que trabaje con objetos antiguos, no podemos considerar un objeto como algo terminado o
finalizado, dicho objeto va acumulando tiempo, historia, y precisamente por ello se vuelve más valioso. Algo antiguo lo es hoy algo menos que el próximo año, algo nuevo puede dejar de serlo por el paso del tiempo o simplemente por un rasguño. Las cosas evolucionan desde la nada y hacia la nada.
Muy lejos de ser una simple reparación, el kintsugi es una técnica muy valorada que convierte objetos dañados en verdaderas obras de arte. El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada sino que ahora es aún más fuerte que la original, y en ella los defectos y las grietas no se tratan de ocultar sino que se acentúan y resaltan convirtiéndose en un objeto de arte renovado y mejorado en donde la parte o partes reparadas son las más fuertes de la pieza y exhibidas como las más bellas. El kintsugi, por tanto, añade un nuevo nivel de complejidad estética a las piezas reparadas y hace que antiguas vasijas pegadas sean aún más valiosas que las que nunca se han roto, evitando que piezas de auténtico valor pudiesen acabar en la basura.
Hace unos días he vivido una situación similar al kintsugi, en donde mi sensei, Franck Cengizalp, como maestro artesano que es y como experto en el trabajo de urushi, ha sabido crear un "kintsugi" de extraordinaria belleza de algo que se había roto y en el que cada uno de nosotros formamos parte de algo mucho más fuerte que antes y que sin duda brillará con resplandor propio.
El kintsugi o arte japonés de la reparación de la cerámica, es una antigua técnica japonesa que repara piezas cerámica rotas o dañadas usando para ello un método basado en el uso de resinas de laca y oro en polvo. aunque existen también otras variantes como el Gintsugi, en el que se usa plata y el Urushitsugi, que emplea únicamente laca urushi.
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| Kintsugi |
A finales del siglo XV el shōgun, Ashikaga Yoshimasa rompió por accidente uno de sus tazones de té favoritos y lo envió a China con la esperanza de que los maestros artesanos que lo habían fabricado le devolviesen la vida y su esplendor original. Después de un gran tiempo de espera, el tazón del shōgun volvió reparado con unas feas grapas de metal que le hacían tosco e inservible para el Cha-no-yu o ceremonia del té. El resultado decepcionó al generalísimo, que buscó otra solución pero esta vez de manos de artesanos japoneses que desarrollaron una forma de reparación de cerámica nueva e innovadora, el kintsugi.
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| Detalle de un kintsugi |
Muy lejos de ser una simple reparación, el kintsugi es una técnica muy valorada que convierte objetos dañados en verdaderas obras de arte. El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada sino que ahora es aún más fuerte que la original, y en ella los defectos y las grietas no se tratan de ocultar sino que se acentúan y resaltan convirtiéndose en un objeto de arte renovado y mejorado en donde la parte o partes reparadas son las más fuertes de la pieza y exhibidas como las más bellas. El kintsugi, por tanto, añade un nuevo nivel de complejidad estética a las piezas reparadas y hace que antiguas vasijas pegadas sean aún más valiosas que las que nunca se han roto, evitando que piezas de auténtico valor pudiesen acabar en la basura.
Hace unos días he vivido una situación similar al kintsugi, en donde mi sensei, Franck Cengizalp, como maestro artesano que es y como experto en el trabajo de urushi, ha sabido crear un "kintsugi" de extraordinaria belleza de algo que se había roto y en el que cada uno de nosotros formamos parte de algo mucho más fuerte que antes y que sin duda brillará con resplandor propio.
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| Otro ejemplo de un bello kintsugi |


