Sanbokyodan Mushinkan Dojo

viernes, 11 de abril de 2014

Sakura: La Insoportable Levedad del Ser

Siempre me ha gustado el cerezo… “Es obvio”, tal vez me diréis, porque es muy bonito cuando está en plena floración. El sakura (nombre que, como ya sabréis, se da en japonés al cerezo) siempre me ha fascinado, sí. Estamos ya más o menos en el cenit de la floración del cerezo, y estoy segura de que habréis visto un montón de fotos alucinantes en todos los sitios, por ejemplo en Facebook, relativas a la primavera japonesa. 

Sakura en flor
Sakura en flor

La delicadeza y belleza de las flores del cerezo no tienen parangón como espectáculo de la naturaleza… Las nubes rosadas que ahora mismo pueblan todos los parques,  jardines, montes, palacios y templos japoneses son un bálsamo para la vista.., y para el alma. Los japoneses celebran este estallido primaveral con el festival del “hanami”, cuando todos se dirigen a los parques en flor para hacer un picnic con la familia o con los amigos.., e incluso con el resto de empleados de una empresa. Quizá este concepto nos resulte un poco raro (o no), pero a mí me parece muy romántico y muy hermoso. Para los más noctámbulos, el hanami se continúa por la noche, llamándose entonces “yokazura”. Al atardecer, se lleva a cabo el complejo ritual de la ceremonia del té bajo los cerezos, se celebran representaciones artísticas, y se leen breves poemas: los emotivos haikus. Pronto los farolillos de papel iluminan las copas de los cerezos en flor bajo la luz de la luna, y todo el mundo ríe y disfruta bebiendo sake, compartiendo con los seres más queridos, y tomando dulces.

La palabra Hanami se divide en “hana” (flor) y en “mi” (del verbo “miru”, mirar); literalmente significa “observar la flor”. Este ritual, que según algunas fuentes podría remontarse hasta el siglo VIII D.C, tiene un profundo significado. Las flores del cerezo son un milagro de primavera muy breve: apenas duran unos pocos días antes de que el viento o la lluvia conviertan el espectáculo de los cerezos en una impresionante lluvia de pétalos sobre la tierra. Así, los japoneses celebran el hanami como una suerte de tributo a la belleza y a la fragilidad real de la vida, simbolizada por la naturaleza efímera del florecimiento de los sakuras.

Sakura” es también el nombre de una canción tradicional japonesa, dedicada a la primavera y conocida internacionalmente… Parece ser que fue compuesta durante el periodo Edo, y que se utilizaba para enseñar a los niños a tocar el koto, ese instrumento japonés de cuerda que parece como un arpa horizontal. La letra de la canción, traducida, dice algo así como esto:

“Flores del cerezo, flores del cerezo,
Cubriendo la campiña.
Hasta donde alcanza la vista.
¿Es niebla o son nubes?
Perfume bajo el sol naciente.
Flores del cerezo, flores del cerezo:
Ya todo floreció.


Flores del cerezo, flores del cerezo:
Contra el cielo de primavera.
Hasta donde alcanza la vista.
¿Es niebla o son nubes?
Perfume en el aire
¡Ven ahora, ven!
¡Miremóslas, por fin!”


En muchos lugares podréis ver asociado el concepto del bushido y el simbolismo de las flores del cerezo japonés… Esto es debido a la fragilidad, al carácter efímero de la existencia de ambos: el guerrero y la flor. Efectivamente, estas flores nacen con el alba para morir al mediodía, en todo el esplendor de su belleza, y pronto cubren como un increíble manto rosado la tierra.., fenómeno que los más dramáticos relacionan con la sangre derramada del samurái, un hombre que sabe que seguramente no habrá un mañana, y cuyo máximo honor consiste en caer en plena batalla, en vez de envejecer y marchitarse.

Como bien se expresa en este conocido haiku el erudito japonés Motoori Norinaga (1730-1801):

“Si alguien pregunta cuál es el alma de Yamato,
es una flor de cerezo que perfuma al sol naciente”


La naturaleza de la flor del cerezo, que ha sobrevivido al durísimo invierno pero pende como una frágil mariposa sobre una rama, simboliza también un alto grado de maduración en la persona: tiene que ver con ser fuerte por dentro, pero amable por fuera. La fuerza del cuerpo, dominada por la flexibilidad de un espíritu que gobierna sobre la materia: nada más, y nada menos. ¡Todo un reto para cualquiera!

Del conocimiento de que todo cuanto nace inevitablemente ha de morir se genera el concepto del “mono no aware”, que es la empatía y la compasión universal hacia cualquier forma manifestada por la Creación. Despertamos cada mañana sin saber si éste será el último amanecer, y por lo tanto, debemos procurar ser excelentes; así se expresa en el antiguo proverbio, que dice “como el sakura entre las flores.., como el samurái entre los hombres”.

… Así pues, tratemos de convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos para entregarnos a nuestros semejantes, cada día, como los sakuras en primavera…


P.D.: Este artículo ha sido creado por Fátima Martín Alonso.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Kintsugi (金継ぎ)

En unos tiempos locos en donde el consumismo nos devora de tal manera que cualquier bien u objeto se compra, se usa y tira, y si se rompe, rápidamente compramos otro nuevo, oriente vuelve a enseñar a occidente.

El kintsugi o arte japonés de la reparación de la cerámica, es una antigua técnica japonesa que repara piezas cerámica rotas o dañadas usando para ello un método basado en el uso de resinas de laca y oro en polvo. aunque existen también otras  variantes como el Gintsugi, en el que se usa plata y el Urushitsugi, que emplea únicamente laca urushi.


Kintsugi


A finales del siglo XV el shōgunAshikaga Yoshimasa rompió por accidente uno de sus tazones de té favoritos y lo envió a China con la esperanza de que los maestros artesanos que lo habían fabricado le devolviesen la vida y su esplendor original. Después de un gran tiempo de espera, el tazón del shōgun volvió reparado con unas feas grapas de metal que le hacían tosco e inservible para el Cha-no-yu o ceremonia del té. El resultado decepcionó al generalísimo, que buscó otra solución pero esta vez de manos de artesanos japoneses que desarrollaron una forma de reparación de cerámica nueva e innovadora, el kintsugi.

Detalle de un kintsugi
Todos los objetos poseen y acumulan una historia, su propia historia, que se genera desde el momento de su creación.  Como bien conocen los anticuarios y cualquier otro profesional que trabaje con objetos antiguos, no podemos considerar un objeto como algo terminado o finalizado, dicho objeto va acumulando tiempo, historia,  y precisamente por ello se vuelve más valioso. Algo antiguo lo es hoy algo menos que el próximo año, algo nuevo puede dejar de serlo por el paso del tiempo o simplemente por un rasguño. Las cosas evolucionan desde la nada y hacia la nada.

Muy lejos de ser una simple reparación, el kintsugi es una técnica muy valorada que convierte objetos dañados en verdaderas obras de arte. El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada sino que ahora es aún más fuerte que la original, y en ella los defectos y las grietas no se tratan de ocultar sino que se acentúan y resaltan convirtiéndose en un objeto de arte renovado y mejorado en donde la parte o partes reparadas son las más fuertes de la pieza y exhibidas como las más bellas. El kintsugi, por tanto, añade un nuevo nivel de complejidad estética a las piezas reparadas y hace que antiguas vasijas pegadas sean aún más valiosas que las que nunca se han roto, evitando que piezas de auténtico valor pudiesen acabar en la basura.

Hace unos días he vivido una situación similar al kintsugi, en donde mi sensei, Franck Cengizalp, como maestro artesano que es y como experto en el trabajo de urushi, ha sabido crear un "kintsugi" de extraordinaria belleza de algo que se había roto y en el que cada uno de nosotros formamos parte de algo mucho más fuerte que antes y que sin duda brillará con resplandor propio. 

Otro ejemplo de un bello kintsugi